Hoy, 110 años después de la fundación del equipo más laureado del mundo, el Real Madrid, es un buen día para recordar un partido que en su momento fue muy importante pero que hoy en día las glorias futuras de competiciones que entonces ni se habían concebido han eclipsado hasta llevarlo casi al olvido: la última final de Copa republicana, o la última exhibición de Ricardo Zamora. 21 de junio de 1936, Real Madrid-Barcelona, en Mestalla, ¿os suena?
Jugaron esta final por el Real Madrid, además de Zamora, la primera mítica pareja de centrales de este club, Ciriaco y Quincoces; los irundarras hermanos Regueiro (Luis fue capitán de la selección vasca que realizó una gira durante la Guerra Civil); y Bonet, Sauto, Eugenio, Sañudo, Lecue (uno de los mejores delanteros de la época, procedente del Betis, con el que ganó el único título de liga del equipo sevillano) y Emilín. Por el Barcelona, formaron Iborra, Areso, Bayo, Argemí, Franco, Balmanya, Vantolrà, Raich, Escolà, Fernández y Munlloch.
Como todo buen partido histórico, esta final tiene una foto característica. La parada de Zamora a tiro de Escolà con 2-1 en el marcador y con el tiempo casi cumplido. Gracias a ella, el partido acabó con ese resultado y el Real Madrid ganó su séptima copa (desde entonces solo ha ganado 11).
Así concluyó la que puede considerarse como primera gran época del Real Madrid, olvidando las cuatro Copas seguidas en su primera década de vida, o bien la última antes de la Copa de Europa. Época que dio paso a la Guerra Civil, menos de un mes después de esta final, y a la indudablemente peor época de la historia del club blanco, hasta 1953. En efecto, en el periodo 1931-1936 el Real Madrid (o más estrictamente el Madrid FC, pues esta era su denominación) conquistó sus 2 primeras Ligas y 2 Copas, con 3 subcampeonatos de Liga de 1 de Copa, siendo probablemente el mejor equipo de España.
Una gran despedida para aquel equipo, y, sobre todo, para su mítico portero catalán.
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